viernes, 18 de diciembre de 2009

FE Y RAZÓN



Mucho se ha escrito sobre las afinidades y las contraposiciones de estas dos disciplinas.
San Agustín con lo platónico y santo Tomás de Aquino con lo Aristotélico, fueron quizás los que más hicieron para acercar la filosofía y la teología.
En el comienzo de su encíclica “Fides et Ratio”, Juan Pablo II eleva a poesía, esta supuesta controversia:
La fe y la razón (Fides et ratio) son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad.

Pocas y hermosas palabras para un gran pensamiento.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

ESCLAVOS DE NUESTROS LIBERADORES


¿Qué pasa? ¿Por qué nos están teniendo tanto miedo a los cristianos?
Ya no se trata del relativismo, el agnosticismo, el ateísmo o la proliferación de sectas. Cada uno puede desarrollar sus creencias (o descreencias) y no vamos a ser nosotros los que se le impidamos. Ahora hay una nueva (y antigua) agresión.
La “democrática” Francia, había comenzado con la prohibición de exhibir símbolos religiosos de cualquier tipo. La igualdad de derechos comienza así por la prohibición de ejercerlos. Eso si: La prohibición es para todos, que para eso es la “igualité” ¡qué diablos! (diablé).
Ahora Tribunal Europeo de Derechos Humanos, de Estrasburgo, consideró que la presencia de los crucifijos en las aulas es "una violación de la libertad de los padres a educar a sus hijos según sus convicciones". El fallo fue emitido por la demanda de una ciudadana italiana de origen finlandés, Soile Lautsi, que en año 2002 había pedido a la escuela estatal en la que estudiaban sus dos hijos, que quitara los crucifijos de las aulas. La dirección de la escuela se negó por considerar que el crucifijo forma parte del patrimonio cultural italiano, y posteriormente los tribunales italianos dieron razón a este argumento.
La Conferencia Episcopal Italiana (CEI) ha recibido la sentencia con "amargura" y sobre todo con "perplejidad", aunque el director de la sala de prensa del Vaticano, Federico Lombardi, no ha querido comentar la noticia, al menos hasta que sean publicadas las motivaciones de la sentencia. "Creo que es necesario reflexionar antes de comentar", explicó. Distinta fue la reacción monseñor Vincenzo Paglia, presidente de la comisión para el Ecumenismo y el Diálogo de la CEI, quien calificó la sentencia de "irresponsable" y "miope".
Por su parte el Gobierno Italiano adelantó que apelará la sentencia. "Nadie, ni siquiera alguna corte europea ideologizada logrará borrar nuestra identidad", advirtió la ministra de Educación, Mariastella Gelmini.
El argumento de los italianos no se basa en la religión sino en la tradición.
Estas son algunas de las expresiones que se vertieron:
Roberto Calderoli (ministro para la Simplificación, de la Liga Norte): "La corte europea ha pisado nuestros derechos, nuestra cultura y nuestros valores". "Los crucifijos se quedarán en las paredes de nuestras escuelas".
Pier Luigi Bersani (líder del Partido Democrático, oposición de centroizquierda): "una antigua tradición como la del crucifijo no puede ser considerada ofensiva por nadie" … "en cuestiones tan delicadas como esta, algunas veces, el sentido común acaba siendo víctima del derecho"
Luca Zaia (ministro de Políticas Agrícolas, Alimentarias y Forestales): “la decisión de los jueces europeos es fingidamente democrática y ofende a muchas personas, ya sean cristianas o no. Quien ofende los sentimientos de los pueblos europeos nacidos del cristianismo es sin lugar a dudas la Corte de Estrasburgo. Sin identidad, no existen los pueblos y sin cristianismo no existiría Europa".

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos

Me parece que cada vez es más evidente que los cristianos estamos llamados a dar testimonio, aunque signifique el martirio.
Pero apurémonos. Antes que nos obliguen por ley a hacernos creyentes de la incredulidad.

Fuentes:
Zenit
La Nación
Aranzadi Civitas

sábado, 10 de octubre de 2009

SOBRE LA OBEDIENCIA


En estos momentos en que el mundo se debate en una crisis de autoridad, parece anacrónica una de las bases en que se asienta nuestra doctrina católica: la obediencia.
Es que estamos acostumbrados a que esta virtud parezca una imposición diabólica que utilizan los gobiernos más despóticos o los padres más crueles.
No estará de más recordar las palabras que el padre Leonardo Castellani dijera sobre la obediencia.
“La obediencia religiosa es ciega, pero no es idiota. Es ciega y es iluminada a la vez, como la fe, que es su raíz y fuente. Sus dos límites son la recta razón y la Ley Moral.”
Como ya dijimos en otra entrada, la obediencia significa confiar en el otro, en creer que, si no estamos de acuerdo, debe ser a consecuencia de que nos faltan elementos para juzgar lo que es más conveniente.
Y no es fácil confiar porque la confianza está más del lado del sentimiento que de la razón, y hoy la razón es la fuerza dominante.
Si en la parroquia no voy a obedecer al párroco porque “es una persona igual que yo” (aseveración que hacen correr hasta los mismos curas), es hora de irme de esa parroquia o quedarme en una santa espera hasta que los hechos que se van produciendo me lleven a confiar.
Si pienso que lo que el obispo ordena no es lo más adecuado para la diócesis ¿Qué hago allí?
Si no creo que el Papa está iluminado por el Espíritu Santo, quizás sea el momento de plantearnos nuestra fe católica.
Pero como dijera Castellari, la obediencia es iluminada y, en base a la luz que nos da, no debemos callar nuestras divergencias y pedir explicaciones cuando las necesitamos. Pero desde adentro y trabajando.
“…deglutiendo el rencor de las afrentas se formaron los santos y las santas.” Almafuerte.

viernes, 18 de septiembre de 2009

LA MISIÓN DEL LAICO


La necesidad que los laicos tenemos de integrarnos a la Iglesia, hace que busquemos, dentro de la parroquia, infinidad de tareas que, la mayoría de las veces, no son sino una prolongación de la actividad clerical.
Tal vez por eso, enredados en las dificultades parroquiales, debemos olvidar o postergar el apostolado (o misión o sacerdocio) que nos es propio.
El mundo está espiritualmente hambriento y sediento pero sin saber cómo satisfacer esa hambre y esa sed.
Nosotros esperamos en la parroquia con los brazos abiertos, quejándonos a veces de la indiferencia del mundo y otras, satisfechos por todo lo que podemos hacer “puertas adentro”.
Y cuando se nos habla de misionar, nos imaginamos golpeando la puerta de nuestros vecinos con intención de llevar la Palabra, tipo Testigos de Jehová o Mormones.
No siempre comprendemos que a veces la misión está más cerca de lo que pensamos: en el comentario de nuestro compañero de trabajo, en la enfermedad de nuestro vecino, en la consulta de un ocasional compañero de viaje… Y que no depende del cura, del obispo o del Papa.
Los carismas son muchos ya casi todos nosotros poseemos alguno, el asunto es encontrarlo y aprovecharlo al máximo.
No siempre contamos con las herramientas necesarias para aliviar al enfermo o consolar al afligido, pero lo que no nos debe faltar es la voluntad de llegar a ellos, acercarnos.
No siempre tenemos la preparación adecuada, la respuesta esperada, pero nunca debemos olvidar que contamos con una ayuda tan importante que, aunque seamos los más preparados, los más elocuentes, los más duchos, nada podríamos hacer sin ella.
Esa ayuda se llama Espíritu Santo.
Si lo invocamos, nada nos afectarán el desprecio y la incomprensión del mundo, sortearemos sin dificultad el dolor de los sacerdotes pecadores, los obispos que prevarican, o los católicos incoherentes con la fe que predican.
Somos una iglesia que peregrina y como tal estamos expuestos a las dificultades del camino. El asunto es tener presente la meta.
Creo que deberíamos plantearnos de una vez por todas, cual es nuestro rol en la Iglesia y luego cumplirlo sin remilgos ni excusas.
Comencemos a ejercer nuestra función de laicos de una manera que parece hasta contradictoria:
Independiente y obedientemente.
Cómo se puede ser independiente en el trabajo laical y al mismo tiempo obediente de la jerarquía eclesial, es algo que podremos trabajar en el futuro.
Eso sí tengo que volver a recordar que lo que aquí digo es el pensamiento de un católico (a veces de varios) pero que no necesariamente tiene que ser coincidente con el pensamiento de la Iglesia, por lo que conviene confrontarlo con la Doctrina o consultarlo con el sacerdote.

jueves, 14 de mayo de 2009

BUSQUEMOS A NUESTRO GUÍA

La iglesia oriental, especialmente la rusa, utiliza la figura del starets o guía espiritual, que desempeña su función como consejero y maestro en monasterios ortodoxos.
Tal vez su utilización fuera conveniente implantarla también en nuestra civilización tan “occidental y cristiana”.
El término starets deriva de "viejo" en eslavo, un término tan devaluado entre nosotros. Seguramente no sería fácil aceptar que un viejo nos diga cómo tenemos que proceder, especialmente si aceptamos lo que dicen muchos maestros rusos, que hay que recurrir a un maestro experimentado y seguir sus consejos con un espíritu de sumisión total.

Ser discípulo implica la fe en el otro, impensable sin el amor. Saber que todo lo que el otro dice y hace es por mi bien, no importa que se equivoque.
Tu mente ordena a tu cuerpo y tu cuerpo obedece porque no tiene la capacidad de razonar, sólo actúa. La mente ya ha razonado convenientemente para que la acción a emprender sea para el bien del todo (cuerpo, mente y alma)
Mi guía me ordena y yo actúo, porque es la mente de mi guía la que se lo ordena a mi cuerpo y a mi mente. (Esto si es llevado al extremo).
Es un ejercicio más que importante porque enseña al discípulo la humildad, la obediencia, la fe. Lo encarrila por cauces donde está menos presente el apetito personal que su propio bien. Abandona su cuerpo y su alma en manos de quien confía, como tendrá que abandonarlo cuando alcance la beatitud celestial. Más que un ejercicio es un entrenamiento.
Y para el guía es también una prueba y un trabajo que lo eleva. Nunca lo puede ensoberbecer. En primer lugar porque estará presente en él siempre el amor: del y al discípulo. Segundo porque le enseñará la humildad al obedecer al discípulo que, en cierta forma, “le ordenó” ser su guía. Le dará la fe en sí mismo, necesaria para llevar a cabo su misión y fe en el discípulo, que va a entregarse en sus manos. Le enseñará a pensar más en el otro, le permitirá purificarse al ver en sí mismo los pecados que quiere eliminar en el discípulo y practicar las virtudes que va a “imponer” al discípulo.
Va a trabajar por el discípulo, para llevarlo a donde él mismo quisiera ir. ¿Querés más humildad que esa?

Hasta hace muy poco, en el campo se solía pedir la bendición a los mayores antes de salir. ¿Seremos capaces de retomar el antiguo camino de pedir consejo y guía a los viejos?
Al menos para nuestra vida espiritual.
Porque la otra…

jueves, 23 de abril de 2009

PARA PENSAR

Mi preocupación de los últimos años, es tratar de contrarrestar, aunque sea en una mínima proporción, la campaña contra la Iglesia Católica que se viene desarrollando desde todos los medios.
Pretenciosamente he intentado difundir “la otra visión” en temas que van desde la vida de Cristo hasta el último documento pontificio, pasando por el descubrimiento de América y la actuación de los pastores de nuestra Iglesia.
Esa lucha desigual sólo encuentra aliciente cuando descubro a otros, con más predicamento que yo, que están empeñados en lo mismo, sin pretender con ello creerme en el mismo plano.
Hoy quiero destacar una pequeña perlita publicada hace dos años en el diario español “La Razón”.
Es una nota escrita por el periodista italiano Vittorio Messori.
Tomo de ella un pequeño fragmento sobre el que me gustaría que meditáramos:
"Hace tiempo que vengo diciendo que los católicos, reducidos ya a una minoría (al menos en el plano cultural), deberían seguir el ejemplo de otra minoría, la judía, y crear también ellos una «Liga Anticalumnia», que intervenga en los medios para restablecer las verdades históricas deformadas, sin pretender, por otra parte, ninguna censura ni privilegio, sino sólo la posibilidad de rectificaciones basadas en datos exactos y documentos auténticos
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Una Liga Anticalumnia no sólo sería deseable y necesaria para los católicos, sino para dar lugar a un juicio ecuánime y realista sobre el pasado de una Europa forjada durante tantos siglos también por la Iglesia."

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Vittorio Messori: investigador de temas católicos que escribió, entre otros muchos libros, “Cruzando el Umbral de la Esperanza”, un largo reportaje a Juan Pablo II

domingo, 22 de marzo de 2009

LAS COSAS EN SU LUGAR


Hace muy poco tiempo ss Benedicto XVI, levantó la excomunión a cuatro obispos ordenados por el Arzobispo Lefebvre sin mandato de la Santa Sede. Debido al revuelo que produjo la medida por causas ajenas a las razones pastorales que la produjeron y, teniendo en cuenta que la Fraternidad San Pio X tiene un seminario dentro de la jurisdicción de nuestra parroquia, es que quisiera resumir la carta que el Papa dirigió a los obispos de la Iglesia Católica el pasado 12 de marzo, a modo de “palabra clarificadora”, esperando “contribuir de este modo a la paz en la Iglesia”.
En primer lugar destaca :
"Una contrariedad para mí imprevisible fue el hecho de que el caso Williamson se sobrepusiera a la remisión de la excomunión”… “Una invitación a la reconciliación con un grupo eclesial implicado en un proceso de separación, se transformó así en su contrario: un aparente volver atrás respecto a todos los pasos de reconciliación entre los cristianos y judíos que se han dado a partir del Concilio, pasos compartidos y promovidos desde el inicio como un objetivo de mi trabajo personal teológico."

Con una humildad imitable, reconoce el pontífice que
“seguir con atención las noticias accesibles por Internet habría dado la posibilidad de conocer tempestivamente el problema. De ello saco la lección de que, en el futuro, en la Santa Sede deberemos prestar más atención a esta fuente de noticias.”
“Otro desacierto, del cual me lamento sinceramente, consiste en el hecho de que el alcance y los límites de la iniciativa del 21 de enero de 2009 no se hayan ilustrado de modo suficientemente claro en el momento de su publicación.”

Pasando a la explicación de la medida tomada dice:
“Este gesto era posible después de que los interesados reconocieran en línea de principio al Papa y su potestad de Pastor, a pesar de las reservas sobre la obediencia a su autoridad doctrinal y a la del Concilio.”

Y hace una importantísima distinción entre persona e institución:
“La excomunión afecta a las personas, no a las instituciones.”… “hasta que las cuestiones relativas a la doctrina no se aclaren, la Fraternidad no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia.”

A continuación comienza lo que, en miopinión significa lo más importante que nos deja nuestro pastor. Se pregunta: ¿Era necesaria tal iniciativa? ¿Constituía realmente una prioridad? ¿No hay cosas mucho más importantes? Y se auto-responde lo que cualquiera de nosotros respondería: Ciertamente hay cosas más importantes y urgentes.”
“¿Era y es realmente una equivocación, también en este caso, salir al encuentro del hermano que "tiene quejas contra ti" (cf. Mt 5,23s) y buscar la reconciliación?
¿Puede dejarnos totalmente indiferentes una comunidad en la cual hay 491 sacerdotes, 215 seminaristas, 6 seminarios, 88 escuelas, 2 institutos universitarios, 117 hermanos, 164 hermanas y millares de fieles? ¿Debemos realmente dejarlos tranquilamente ir a la deriva lejos de la Iglesia? Pienso por ejemplo en los 491 sacerdotes. No podemos conocer la trama de sus motivaciones. Sin embargo, creo que no se hubieran decidido por el sacerdocio si, junto a varios elementos distorsionados y enfermos, no existiera el amor por Cristo y la voluntad de anunciarlo y, con Él, al Dios vivo. ¿Podemos simplemente excluirlos, como representantes de un grupo marginal radical, de la búsqueda de la reconciliación y de la unidad? ¿Qué será de ellos luego?
¿Acaso no debe la gran Iglesia permitirse ser también generosa, siendo consciente de la envergadura que posee; en la certeza de la promesa que le ha sido confiada? ¿No debemos como buenos educadores ser capaces también de dejar de fijarnos en diversas cosas no buenas y apresurarnos a salir fuera de las estrecheces? ¿Y acaso no debemos admitir que también en el ámbito eclesial se ha dado alguna salida de tono? A veces se tiene la impresión de que nuestra sociedad tenga necesidad de un grupo al menos con el cual no tener tolerancia alguna; contra el cual pueda tranquilamente arremeter con odio. Y si alguno intenta acercársele –en este caso el Papa- también él pierde el derecho a la tolerancia y puede también ser tratado con odio, sin temor ni reservas.

La subjetividad de este resumen, me obliga a hacer notar que el texto completo de la carta es tan rico que no es posible trasmitir su pleno significado sin transcribirlo integramente, cosa que escaparía al objetivo de aproximación que me he propuesto. Por eso invito a leerlo en el sitio: http://www.zenit.org/article-30489?l=spanish.
También invito a leer la carta que los obispos latinoamericanos le dirigieron a Benedicto XVI (http://www.zenit.org/article-30591?l=spanish) en la que, entre otras cosas dicen:
"Lo que Su Santidad ha escrito nos ha conmovido y ha reforzado nuestra honda comunión eclesial. También lo hemos acogido como un ejemplo de espíritu misericordioso y transparente, motivado por el inesperado eco de los acontecimientos, pero también confiado en que lo ocurrido es además un positivo designio del Señor para su Iglesia en este momento de la historia"

Te pido que reflexiones, más que en el texto en sí, sobre la humildad, la claridad de conceptos doctrinales y prácticos y –sobre todo– a la caridad que anima a nuestro Pontífice, tan atacado dentro y fuera de la Iglesia.

viernes, 13 de febrero de 2009

MONEDITAS


Una moneda no es una moneda. No es ese cospel, ese disco metálico con su cara y con su ceca. Una moneda es lo que se puede comprar con ella, es ella y todas las otras que se acumulan junto a ella. Una moneda es el esfuerzo por conseguirla y el placer de haberla gastado.
Un lápiz no es un lápiz. No es ese tarugo de madera con una barra de grafito en su interior. Ni siquiera es la huella que el grafito deja en el papel. Es el alma que has dejado en esa huella y la huella que deja en el alma de quien la lee.
La fe, no es esa palabra fácil de escribir y difícil de explicar. La fe es algo que se pide, se recibe, se siente y se entrega sin pensar en ella.
La fe nos da fuerza pero nos obliga. Nos da vida pero nos hace anhelar la Vida.
Sea cual sea el tamaño de nuestra fe, pidamos a Dios que la haga aumentar.
Y si no la tenemos, pidámosla como moneditas de limosna, con humildad.